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Monday, December 16, 2019

Informe sobre las Migraciones en el Mundo

El  27 de noviembre, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) ha presentado el Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2020. 
El Reporte 2020 comenzó en mayo de 2018 y culminó con el lanzamiento del informe en noviembre de 2019 por el Director General en la 110 sesión del Consejo de Migración de la Organización Internacional. Este informe no hace referencia a datos o eventos posteriores a junio de 2019.



Puedes leer más sobre el Informe 2020 aquí: https://bit.ly/2rQXsfD


Tuesday, December 10, 2019

Novena del Migrante 2019

La Novena de Navidad está dedicada a todas las familias que se encuentran en situación de movilidad. Este recurso fue desarrollado por la Red Latinoamericana y Caribeña de Migración, Desplazamiento, Refugio y Trata de Personas (CLAMOR).

CLAMOR es una red que, desde la Consejo Episcopal Latinoamericana y del Caribe (CELAM), inspirada en una espiritualidad encarnada de comunión y participación, intenta escucha el clamor del pueblo obligado a desplazarse y busca integrar y articular carismas, recursos y experiencias de instancias e instituciones eclesiales comprometidas en el acompañamiento y servicio a migrantes, refugiados, desplazados y víctimas de tráfico y trata de personas.


Puedes DESCARGAR el recurso haciendo click aquí:
NOVENA 2019

Monday, February 18, 2019

La frontera borrosa entre raíces y rutas


Andrea Castellón recorre su propia historia de raíces y rutas como hija de la migración. Con firmeza nos interpela para estar atentas a la demonización de la migración como recurso utilizado para lograr la unidad de la población nacional frente al “otro” distinto y para que el modelo se mantenga en pie.

“El racismo es la condición de aceptabilidad de la matanza en una sociedad en que la norma, la regularidad, la homogeneidad, son las principales funciones sociales”, afirmó Michel Foucault en Genealogía del racismo (Ediciones de la Piqueta, Madrid, 1992). Cuando leí esta frase, irremediablemente me remonté a todas las veces que en Chile, país al que mi familia llegó hace 20 años atrás, la gente me preguntaba de dónde era:

– “Soy boliviana”– ¿Hace cuánto tiempo estás acá? – “Desde mis cinco años.” – ¡Ah!, entonces eres chilena.

Recibí ese tipo de comentarios muchas veces por parte de amigos y conocidos, el convencimiento de ellos acerca de mi “verdadera nacionalidad” era tal que yo solo mostraba una mueca y pasaba a otro tema. Analizando el tema a profundidad, siempre me cuestioné porque nunca nadie me dijo “ah, pero tambiéneres chilena”; por el contrario, la respuesta que recibía de pronto borraba una parte de mi identidad, que para mí era fundamental.

Cuando mi familia llegó a Chile ya en los años 2000, el tema de la migración no tenía la misma importancia que hoy. Si bien había empezado a tener una cierta notoriedad desde el fin de la dictadura de Pinochet, experimentando un aumento en la migración por parte de países como Argentina o Perú, los índices a nivel nacional eran muy bajos. Sin embargo, ya en esa época la migración peruana generaba un profundo rechazo por parte de la sociedad chilena: aparecía constantemente en los medios de comunicación y se reportaron muchos casos donde la gente sufrió ataques por discriminación. Muy por el contrario, la migración argentina, que era la más numerosa según el Censo de Población y Vivienda de 2002, jamás llamó la atención en particular de los medios o se reportaron casos de discriminación con la misma frecuencia y gravedad que los padecidos por la población peruana. Los dos grupos migrantes hablaban el mismo idioma y tenían costumbres relativamente parecidas; la única diferencia era que los migrantes peruanos tenían una marcada ascendencia indígena y su reconocimiento físico hizo que fueran fuertemente estigmatizados en sus trabajos, mientras que la existencia de la población argentina, en su mayoría descendiente de europeos, pasó totalmente desapercibida para la opinión pública. Es decir, ya en aquel entonces el racismo jugaba un papel importante en el país.

Yo crecí en ese Chile, que, como muchos otros Estados latinoamericanos, se originó como “una expresión política de control económico y social de las élites” avasallando violentamente las diferencias culturales internas, como argumenta la investigadora Menara Lube Guizardi. En el caso particular de Chile, olvidando sus raíces afrodescendientes en el norte y oprimiendo hasta el día de hoy a los pueblos indígenas, condiciones reforzadas por las instituciones represivas que la dictadura de Pinochet dejó como herencia.

Al crecer, mi identidad fue un aspecto que me cuestioné constantemente, como seguramente muchos otros migrantes de segunda generación lo deben de hacer, especialmente aquellos que viven en países donde el modelo Estado-nación está en tensión permanente debido a que el discurso de lo homogéneo no logra encajar en su realidad interna. Esta tensión se va agravando cada vez más en un mundo globalizado, donde demonizar la migración parece ser el último recurso utilizado para lograr la unidad de la población nacional frente a ese “otro” distinto y que el modelo se mantenga en pie.

Aun así, para mí era muy claro cómo las raíces de mis padres y el camino que habían escogido al estar en Chile creaban una especie de identidad distinta a la de mis amigos bolivianos y distinta a la de mis amigos chilenos; veía como la diferencia entre rutas y raíces se hacía borrosa. Mi conflicto era que una identidad así, al parecer, no cuadraba con la sociedad en la que estaba inserta, especialmente al momento de postular a concursos nacionales, becas, o analizar en clases de historia quiénes tenían derechos cívicos y quiénes no (obviamente yo siempre estaba entre estos últimos). Para mí, esto significaba tener que escoger entre dos opciones: o te reconoces como distinto, pero no te aceptamos, o te reconoces como uno de nosotros (si cumples con una serie de requisitos que normalmente rondan lo racista y xenofóbico) pero te olvidas de tu otra parte que te hace diferente. Escogí siempre la primera, luchando por cambiar la narrativa, a veces con buenos resultados y logrando la aceptación completa de mi identidad.

Lamentablemente, hasta el día de hoy Chile afronta serias dificultades a la hora de integrar a los hijos e hijas de migrantes a los beneficios educativos escolares y universitarios. Sus políticas migratorias siguen teniendo una visión de seguridad nacional al igual que en la época de Pinochet. Sin hablar del creciente sentimiento racista y xenofóbico en la sociedad incitado por grupos de ultra derecha y políticos oportunistas. Lo que traerá como consecuencia graves problemas para el proceso de integración de los hijos de la nueva ola de migración que está experimentando el país.

Todavía no existen muchos estudios al respecto de la segunda generación, ya que el foco sigue poniéndose sobre los nuevos migrantes laborales o forzados que están llegando día a día de países como Venezuela o Haití. No obstante, en algunos ámbitos académicos, ya el término “migrantes de segunda generación” genera opiniones encontradas. Muchas de ellas afirman que es una forma más de perpetuar la discriminación y estigmatización que los migrantes reciben al diferenciar también a sus hijos dentro de una sociedad en la que han crecido toda su vida o incluso nacido en ella. Más aún, existen estudios que demuestran que muchas veces las familias migrantes “se abstienen de traspasar a sus hijos las costumbres, usos, valores, actitudes y normas vigentes de su sociedad de origen por miedo a que sus hijos puedan no adaptarse a su nuevo medio social”, según el sociólogo Iñaki García Borrego. Pero negar esta faceta de nuestra identidad implica también borrar una parte importante de nosotros, sobre todo cuando el problema no es nuestro “origen” sino la estigmatización que una sociedad o gobierno puede hacer de aquel.

Reconocer nuestras raíces junto a nuestras rutas significa tensionar el carácter homogéneo que trata de imponer el modelo Estado-nación; rendirse ante la asimilación es poner en duda nuestra existencia como una identidad completa. Sin duda, por muchos obstáculos que un gobierno o sociedad puedan imponer a los hijos de la migración, la creación de nuevas subculturas, que ponen en evidencia la diferencia dentro una sociedad que lucha constantemente por reprimirlas, es inevitable.

Escribe: Andrea Catellanos
Publicado en Routed Magazine 
Febrero 2019

Wednesday, November 16, 2016

Conclusiones del Encuentro de Movimientos Populares

Del 2 al 5 de noviembre, más de 150 delegados provenientes desde diferentes movimientos populares de todo el mundo, con la activa colaboración del Pontificio Consejo de Justicia y Paz – se desarrolló tres días de reuniones, análisis y debates durante el III Encuentro Mundial de Movimientos Populares en Roma.

Desde los ejes: Tierra, Techo y Trabajo, junto con los paneles Pueblo & Democracia, Territorio & Naturaleza, y Migraciones & Refugiados se desarrolló el Encuentro, aquí una síntesis de las conclusiones de los tres días de diálogo, reflexión y propuestas.

Así, respecto a Pueblo y Democracia en una de las conclusiones se destaca que nos encontramos en un contexto marcado por una transformación o mutación social, en el que la lógica capitalista se ha extendido también a la acción política.  Donde el individualismo, la centralidad del lucro y la ganancia se han insertado en las organizaciones políticas, dejando cada vez menos espacio a los movimientos populares y alejando la administración pública de los intereses del bien común. Por lo que proponen construir en unidad y en base a la diversidad y pluralidad de las organizaciones sociales, una “AGENDA DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES”, e incidir para que ella sea reconocida, asumida y ejecutada por los gobiernos. Asimismo sugieren crear redes y sinergias que trasciendan la localidad. Pues la solidaridad es fundamental para impulsar y sostener las luchas.

Desde el tópico de Territorio y Naturaleza, los movimiento populares concluyeron que no se puede hablar de los problemas de la tierra y el territorio sin hablar de las personas que viven allí, ni del ecosistema que lo contiene. “No podemos abordar los problemas ambientales sin abordar el derecho al trabajo y a la salud de los pueblos, los conflictos armados y los intereses de las multinacionales que integran la dimensión de lo que el Papa Francisco llama ecología integral” explican. Así, entre sus propuestas está el de avanzar hacia la existencia de formas de propiedad colectiva, que evite su mercantilización y uso lucrativo. Como también crear y fortalecer redes de trabajo globales para planificar  y coordinar acciones en defensa del medioambiente, con representación de los 5 continentes; además de  convocar a los sectores académicos y científicos que aporten conocimientos tecnológicos para generar procesos de producción alternativos que permitan cuidar a la madre tierra manteniendo la fuente de trabajo para miles de familias.

Respecto al eje Trabajo se concluyó que frente a las situaciones de explotación y precariedad a lo largo y ancho de todo el mundo, los movimientos populares han inventado muchas formas diferentes de acceder a un trabajo digno y sin embargo, estas iniciativas son permanentemente amenazadas por el capital, las grandes empresas, por los estados que no escuchan las demandas, por la policía que persigue y hostiga y constantemente hace peligrar la fuente de trabajo. Por lo que entre sus propuestas está la de: implementar un salario social complementario para los trabajadores de la economía popular y trabajadores de base; asimismo desarrollar acciones internacionales conjuntas el 1ero de mayo, día histórico de lucha de los trabajadores.

Frente al eje Techo, afirman que la vivienda cumple una función social y que en tal sentido no debe ser objeto de especulación y lucro, ni constituirse en mercancía y objeto de especulación. Por lo que se propone repensar el diseño y modelo de vivienda en función de las culturas y tradiciones, generando espacios en clave de las necesidades y deseos del pueblo.

Los movimientos populares consideran que la agricultura campesina familiar a pequeña escala y comunitaria debe ser el modelo para alimentar a la humanidad y proteger la Tierra. Así en éste eje, entre sus propuestas está la de hacer pedagogía de masas creando canales de participación popular en sintonía con la cultura que concienticen al pueblo en defender la seguridad alimentaria y una seguridad vital para aquellas personas que sufren represalias por defender la democratización de la tierra, los derechos humanos y el bien colectivo y sostenible con y para el ser humano y el mundo que nos rodea y nos da la vida.

Finalmente frente a la Migraciones y Refugiados, reclaman la existencia de una ciudadanía universal, que diluya las fronteras y establezca una política migratoria inclusiva.  Por lo que piden que los Estados implementen mecanismos y generen nuevos lugares de acogida que respeten los derechos de migrantes y desplazados internos, a la vivienda, el trabajo, la salud y educación de los niños. Asimismo proponen la creación de un observatorio que permita tipificar actores y características de hechos victimizantes, en todas las regiones y países del mundo.


Puede ver todas las conclusiones en este enlace:
http://movimientospopulares.org/espanol/

Aquí también el Discurso del Papa Francisco a los Movimientos Populares:
http://movimientospopulares.org/el-discurso-completo-de-papa-francisco-a-los-movimientos-populares/



Thursday, September 15, 2016

Niñez Migrante

Una tragedia e injusticia que crece y es que cada vez migran más niñas y niños… y cada vez lo hacen más pequeños. Así se constata en los datos y análisis tomados del informe “Niñez y migración en Centro y Norte América: causas, políticas, prácticas y desafíos” que fue posible gracias al trabajo conjunto de organizaciones de Estados Unidos, México, Guatemala, El Salvador y Honduras, publicado en febrero 2015 y actualizados a los primeros meses del año 2016.
El Informe señala que:
  • ·      8 de cada 10 niñas, niños o adolescentes centroamericanos son deportados por México.
  • ·      5 de cada 10 niñas, niños o adolescentes detenidos en México, viajaban solos.
  • ·      Más de 35 mil niñas, niños y adolescentes provenientes de Centroamérica fueron detenidos en México, durante 2015. Un aumento del 55% en comparación con el 2014.

Pero ¿por qué migran? La migración forzada de niñas, niños y adolescentes se debe a muchos motivos, algunas veces a la conjunción de dos o más de éstos, pero principalmente huyen de la pobreza, la violencia, −intrafamiliar, de género, o por parte del crimen organizado− la corrupción, la impunidad, la exclusión y falta de opciones que privan en sus países de origen y les impiden ejercer sus derechos fundamentales.

Cabe mencionar que la migración debe entenderse como una estrategia forzada pero “natural” para la sobrevivencia personal y familiar. Nadie tomaría el riesgo de morir o sufrir violencia y acoso en el camino si pudiera quedarse seguro en casa.


Esta información fue desarrollada gracias al micrositio web del Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdova, una organización de la sociedad civil, fundada en 1994, que trabaja en la defensa y promoción de los derechos humanos de las personas migrantes en la frontera sur de México.

Puede visitar la web aquí: