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Sunday, April 19, 2020

El éxodo venezolano: una problemática regional

“Desde el 16 de marzo vivimos en medio de una declaratoria de emergencia que nos ha confinado a nuestras casas, restringiendo al máximo nuestra capacidad de movilizarnos por las calles para realizar cualquier actividad.

En este contexto, las familias refugiadas y migrantes, en su gran mayoría dedicadas al comercio informal, están atravesando por momentos muy difíciles. Este grupo de extrema vulnerabilidad está enfrentando la cuarentena en medio del hambre y la necesidad, sin posibilidad de conseguir recursos que le permitan la compra de alimentos, medicinas o pagar un alquiler y, ante la imposibilidad de pago, muchas familias están siendo desalojadas de sus viviendas. Sin acceso a derechos básicos no es posible combatir la pandemia.

Por otro lado, existe una preocupación en las familias al ver que sus hijos inician con desconcierto el año escolar sin acceso a internet, una computadora o un televisor. Para ellos no habrá año escolar”,  señala César Ruiz, coordinador nacional de Encuentros SJS,  sobre la situación de refugiados y migrantes en Perú por el Estado de Emergencia.

Si quieres conocer más sobre la realidad de los migrantes en Latinoamérica, puedes darte un tiempo para leer el texto completo: AQUÍ

Tuesday, December 10, 2019

Novena del Migrante 2019

La Novena de Navidad está dedicada a todas las familias que se encuentran en situación de movilidad. Este recurso fue desarrollado por la Red Latinoamericana y Caribeña de Migración, Desplazamiento, Refugio y Trata de Personas (CLAMOR).

CLAMOR es una red que, desde la Consejo Episcopal Latinoamericana y del Caribe (CELAM), inspirada en una espiritualidad encarnada de comunión y participación, intenta escucha el clamor del pueblo obligado a desplazarse y busca integrar y articular carismas, recursos y experiencias de instancias e instituciones eclesiales comprometidas en el acompañamiento y servicio a migrantes, refugiados, desplazados y víctimas de tráfico y trata de personas.


Puedes DESCARGAR el recurso haciendo click aquí:
NOVENA 2019

Tuesday, June 4, 2019

Intersección del Tráfico de Personas con Migrantes, Refugiados y Personas Desplazadas en el Interior

La Red de Religiosas Contra la Trata en los EEUU (USCSAHT) ha creado una reflexión sobre las conexiones entre la trata de personas y la situación y vulnerabilidad de los migrantes, refugiados, y personas desplazadas.  Aquí el recurso:
https://cutt.ly/foP7rB 

"El tráfico de personas siempre es explotación de la vulnerabilidad y los migrantes siempre están entre la población más vulnerable. Como resultado de conflicto o de desastres naturales, la vulnerabilidad se incrementa inmediatamente. Los migrantes y refugiados son vulnerables en cada etapa del camino.

¿Cuáles son algunos de los riesgos de tráfico para los refugiados? La mayoría no tienen dinero, comida o refugio en algún momento de su viaje, haciéndolos vulnerables a los traficantes. No tienen comunidad, familia o una red o estructura social. La OIM identifica la desesperanza como un factor determinante en el reclutamiento de víctimas. El trauma de dejar a la familia y las experiencias vividas en el camino los dejan con menor capacidad de autoprotección lo que ocasiona que puedan ser víctimas del tráfico más fácilmente. Muchos viajan solos, si desaparecen nadie se dará cuenta ni los buscará. Las mujeres y los niños son especialmente vulnerables al tráfico.

Las mujeres experimentan aislamiento social y otras consecuencias negativas como resultado de violencia sexual. La UNICEF reporta que uno de 10 niños refugiados de Siria en países vecinos son víctimas de trabajo infantil y hay niños desde los tres años trabajando. Un número grande de personas desplazadas incrementa la competencia sobre los recursos, de por sí ya, limitados. Esto lleva a la desesperación lo que hace que las personas desplazadas estén más dispuestas a comer riesgos.

La Agencia de la ONU para los Refugiados reubica a un porcentaje muy pequeño comparado con el número de personas necesitadas y esto crea oportunidades muy grandes para los traficantes. El nivel de seguridad en las fronteras incrementa la necesidad de los migrantes para usar coyotes lo que aumenta el riesgo del tráfico.

Los campos para refugiados y personas desplazadas son un blanco principal para los traficantes. La concentración de personas desplazadas y vulnerables, en combinación con la falta de seguridad, servicios y supervisión, hace que sea fácil para los traficantes operar en ellos. En los campos a largo plazo, los traficantes crean relaciones con guardias corruptos y establecen anillos de tráfico. Un estimado de 580,000 Musulmanes Rohingya han cruzado a Bangladesh, entre Agosto y Octubre del 2007, en donde se sabe que hay redes de traficantes activas en los campos buscando a personas para tráfico laboral y sexual."

Tuesday, May 14, 2019

Enseñanza Católica sobre Inmigrantes y Refugiados


MIGRACIÓN
Nuestro enfoque a la migración está enraizado en el Evangelio y en siglos de tradiciones de la    enseñanza social católica. Uno de esos documentos es Ya  no somos extranjeros: Juntos en el camino  de la esperanza”, carta pastoral de los obispos católicos de México y de los Estados Unidos sobre la migración. Abajo encontrarán cinco principios que son los que guían el enfoque de la Iglesia con respecto a la migración.
Los Estados soberanos poseen el derecho de controlar sus fronteras. La Iglesia reconoce que todo Estado soberano posee el derecho de salvaguardar su territorio y sus fronteras. Sin embargo, las naciones con más poderío económico, las cuales tienen la capacidad  de  proteger  y  de  alimentar mejor a sus habitantes, tienen una obligación mayor de adaptarse a los flujos migratorios.
Las personas tienen el derecho de encontrar oportunidades en su tierra natal. Todas las personas tienen el derecho de encontrar en su propio país oportunidades económicas, políticas y sociales para tener una vida digna y plena mediante el uso de los dones que Dios les dio. En este contexto, un trabajo que proporcione un salario justo para vivir es una necesidad básica de todo ser humano.
Las personas tienen el derecho de emigrar para mantenerse a sí mismas y a sus familias. La Iglesia reconoce que todos los bienes de la tierra pertenecen a todos los pueblos. Cuando las personas no encuentran un empleo en su país de origen para poder mantenerse a sí mismas y a sus familias, ellas tienen el derecho de buscar trabajo en otro lugar para lograr sobrevivir. Los Estados soberanos deben proveer las formas para acomodar este derecho.
Debe protegerse a quienes buscan refugio y asilo. La comunidad global debe proteger a quienes huyen de las guerras y de la persecución. Esto requiere, como mínimo, que los migrantes cuenten   con el derecho de solicitar el estatus de refugiado sin que se les detenga y que su solicitud sea plenamente considerada por las autoridades competentes.
Deben respetarse la dignidad y los derechos humanos de los migrantes indocumentados. Independientemente de su situación legal, los migrantes, como toda persona, poseen una dignidad humana intrínseca que debe ser respetada. Con frecuencia, ellos están sujetos a leyes punitivas y al maltrato por parte de las autoridades, tanto en los países de tránsito como de destino. Se necesitan políticas gubernamentales que respeten los derechos humanos de las personas indocumentadas.
La Iglesia reconoce el derecho de todo Estado soberano de controlar sus fronteras para promover      el bien común. Asimismo, reconoce el derecho de todo ser humano de migrar para gozar de los derechos que Dios les dio. Estas enseñanzas se complementan entre sí. Son necesarias políticas gubernamentales que respeten los derechos humanos básicos de los indocumentados.


REFUGIADOS
Es una enseñanza católica fundamental que todo ser humano es creado a imagen de Dios y,  por  lo tanto, tiene derecho a la dignidad y al respeto. La Iglesia Católica considera ayudar a los necesitados como un deber cristiano fundamental que deriva directamente de  la  vida y  la  misericordia de  Cristo, que él mismo era un refugiado. Como cristianos, nosotros estamos llamados a dar la bienvenida a nuestros nuevos prójimos con el mismo amor y compasión que querríamos que nos mostraran en un tiempo de persecución. Debemos recordar que los refugiados de todo el mundo son enviados a nuestras comunidades y huyen del peligro, la explotación y la persecución.
El departamento de Servicios de Migración y Refugiados de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB/MRS, por su sigla en inglés) es una de las nueve agencias nacionales de reasentamiento de refugiados en los Estados Unidos que ayuda a los refugiados y aboga por la comunidad de refugiados. A través de un acuerdo de cooperación y subsidios con el gobierno federal, USCCB/MRS trabaja en  coordinación con  Catholic Charities y  otras  agencias asociadas alrededor de los Estados Unidos para dar la bienvenida y asegurar que  las  necesidades básicas de  cada refugiado que llega se cumplan adecuadamente.


¿CUÁL ES LA DIFERENCIA ENTRE UN REFUGIADO Y UN INMIGRANTE?

Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, un refugiado es alguien que ha sido forzado a huir de su país debido a la persecución, la guerra o la violencia. Un refugiado tiene un temor fundado de persecución por razones de raza, religión, nacionalidad, opinión política o pertenencia a un grupo social determinado.
Un inmigrante es alguien que deja voluntariamente su país para mejorar las perspectivas para ellos y sus familias.


Fuente: Campaña Mundial 'Share the Journey'

Monday, February 18, 2019

La frontera borrosa entre raíces y rutas


Andrea Castellón recorre su propia historia de raíces y rutas como hija de la migración. Con firmeza nos interpela para estar atentas a la demonización de la migración como recurso utilizado para lograr la unidad de la población nacional frente al “otro” distinto y para que el modelo se mantenga en pie.

“El racismo es la condición de aceptabilidad de la matanza en una sociedad en que la norma, la regularidad, la homogeneidad, son las principales funciones sociales”, afirmó Michel Foucault en Genealogía del racismo (Ediciones de la Piqueta, Madrid, 1992). Cuando leí esta frase, irremediablemente me remonté a todas las veces que en Chile, país al que mi familia llegó hace 20 años atrás, la gente me preguntaba de dónde era:

– “Soy boliviana”– ¿Hace cuánto tiempo estás acá? – “Desde mis cinco años.” – ¡Ah!, entonces eres chilena.

Recibí ese tipo de comentarios muchas veces por parte de amigos y conocidos, el convencimiento de ellos acerca de mi “verdadera nacionalidad” era tal que yo solo mostraba una mueca y pasaba a otro tema. Analizando el tema a profundidad, siempre me cuestioné porque nunca nadie me dijo “ah, pero tambiéneres chilena”; por el contrario, la respuesta que recibía de pronto borraba una parte de mi identidad, que para mí era fundamental.

Cuando mi familia llegó a Chile ya en los años 2000, el tema de la migración no tenía la misma importancia que hoy. Si bien había empezado a tener una cierta notoriedad desde el fin de la dictadura de Pinochet, experimentando un aumento en la migración por parte de países como Argentina o Perú, los índices a nivel nacional eran muy bajos. Sin embargo, ya en esa época la migración peruana generaba un profundo rechazo por parte de la sociedad chilena: aparecía constantemente en los medios de comunicación y se reportaron muchos casos donde la gente sufrió ataques por discriminación. Muy por el contrario, la migración argentina, que era la más numerosa según el Censo de Población y Vivienda de 2002, jamás llamó la atención en particular de los medios o se reportaron casos de discriminación con la misma frecuencia y gravedad que los padecidos por la población peruana. Los dos grupos migrantes hablaban el mismo idioma y tenían costumbres relativamente parecidas; la única diferencia era que los migrantes peruanos tenían una marcada ascendencia indígena y su reconocimiento físico hizo que fueran fuertemente estigmatizados en sus trabajos, mientras que la existencia de la población argentina, en su mayoría descendiente de europeos, pasó totalmente desapercibida para la opinión pública. Es decir, ya en aquel entonces el racismo jugaba un papel importante en el país.

Yo crecí en ese Chile, que, como muchos otros Estados latinoamericanos, se originó como “una expresión política de control económico y social de las élites” avasallando violentamente las diferencias culturales internas, como argumenta la investigadora Menara Lube Guizardi. En el caso particular de Chile, olvidando sus raíces afrodescendientes en el norte y oprimiendo hasta el día de hoy a los pueblos indígenas, condiciones reforzadas por las instituciones represivas que la dictadura de Pinochet dejó como herencia.

Al crecer, mi identidad fue un aspecto que me cuestioné constantemente, como seguramente muchos otros migrantes de segunda generación lo deben de hacer, especialmente aquellos que viven en países donde el modelo Estado-nación está en tensión permanente debido a que el discurso de lo homogéneo no logra encajar en su realidad interna. Esta tensión se va agravando cada vez más en un mundo globalizado, donde demonizar la migración parece ser el último recurso utilizado para lograr la unidad de la población nacional frente a ese “otro” distinto y que el modelo se mantenga en pie.

Aun así, para mí era muy claro cómo las raíces de mis padres y el camino que habían escogido al estar en Chile creaban una especie de identidad distinta a la de mis amigos bolivianos y distinta a la de mis amigos chilenos; veía como la diferencia entre rutas y raíces se hacía borrosa. Mi conflicto era que una identidad así, al parecer, no cuadraba con la sociedad en la que estaba inserta, especialmente al momento de postular a concursos nacionales, becas, o analizar en clases de historia quiénes tenían derechos cívicos y quiénes no (obviamente yo siempre estaba entre estos últimos). Para mí, esto significaba tener que escoger entre dos opciones: o te reconoces como distinto, pero no te aceptamos, o te reconoces como uno de nosotros (si cumples con una serie de requisitos que normalmente rondan lo racista y xenofóbico) pero te olvidas de tu otra parte que te hace diferente. Escogí siempre la primera, luchando por cambiar la narrativa, a veces con buenos resultados y logrando la aceptación completa de mi identidad.

Lamentablemente, hasta el día de hoy Chile afronta serias dificultades a la hora de integrar a los hijos e hijas de migrantes a los beneficios educativos escolares y universitarios. Sus políticas migratorias siguen teniendo una visión de seguridad nacional al igual que en la época de Pinochet. Sin hablar del creciente sentimiento racista y xenofóbico en la sociedad incitado por grupos de ultra derecha y políticos oportunistas. Lo que traerá como consecuencia graves problemas para el proceso de integración de los hijos de la nueva ola de migración que está experimentando el país.

Todavía no existen muchos estudios al respecto de la segunda generación, ya que el foco sigue poniéndose sobre los nuevos migrantes laborales o forzados que están llegando día a día de países como Venezuela o Haití. No obstante, en algunos ámbitos académicos, ya el término “migrantes de segunda generación” genera opiniones encontradas. Muchas de ellas afirman que es una forma más de perpetuar la discriminación y estigmatización que los migrantes reciben al diferenciar también a sus hijos dentro de una sociedad en la que han crecido toda su vida o incluso nacido en ella. Más aún, existen estudios que demuestran que muchas veces las familias migrantes “se abstienen de traspasar a sus hijos las costumbres, usos, valores, actitudes y normas vigentes de su sociedad de origen por miedo a que sus hijos puedan no adaptarse a su nuevo medio social”, según el sociólogo Iñaki García Borrego. Pero negar esta faceta de nuestra identidad implica también borrar una parte importante de nosotros, sobre todo cuando el problema no es nuestro “origen” sino la estigmatización que una sociedad o gobierno puede hacer de aquel.

Reconocer nuestras raíces junto a nuestras rutas significa tensionar el carácter homogéneo que trata de imponer el modelo Estado-nación; rendirse ante la asimilación es poner en duda nuestra existencia como una identidad completa. Sin duda, por muchos obstáculos que un gobierno o sociedad puedan imponer a los hijos de la migración, la creación de nuevas subculturas, que ponen en evidencia la diferencia dentro una sociedad que lucha constantemente por reprimirlas, es inevitable.

Escribe: Andrea Catellanos
Publicado en Routed Magazine 
Febrero 2019