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Wednesday, November 7, 2018

Guía de Oración | Jornada Mundial de los Pobres


EL Papa Francisco en su Mensaje por la Jornada Mundial de los pobres denominada  ‘Este pobre gritó y el Señor lo escuchó’ nos hace una llamada experimentar esta Jornada Mundial como un momento privilegiado de nueva evangelización. Pues los pobres nos evangelizan, ayudándonos a descubrir cada día la belleza del Evangelio. Es una oportunidad de gracia, insiste el Papa.

Así, les presentamos una sencilla Guía de Oración elaborado íntegramente del Mensaje para la JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES del 2018. Esperamos pueda servirles.

AMBIENTACIÓN. Prepare un cártel con la frase que acompaña esta II Jornada Mundial: ‘Este pobre gritó y el Señor lo escuchó’. Asimismo coloque imágenes que presente diversidad e inclusividad. Le sugerimos acompañar la ambientación con  velas o telas de colores para los 5 continentes.

Descarga la GUÍA aquí: https://goo.gl/zLKVqU 

MONICIÓN. Los pobres son los primeros capacitados para reconocer la presencia de Dios y dar testimonio de su proximidad en sus vidas. Dios permanece fiel a su promesa, e incluso en la oscuridad de la noche no deja que falte el calor de su amor y de su consolación. Sin embargo, para superar la opresiva condición de pobreza es necesario que ellos perciban la presencia de los hermanos y hermanas que se preocupan por ellos y que, abriendo la puerta de su corazón y de su vida, los hacen sentir familiares y amigos. Solo de esta manera podremos «reconocer la fuerza salvífica de sus vidas» y «ponerlos en el centro del camino de la Iglesia» (Exhort. apost. Evangelii gaudium, 198).

Entonamos juntas/os: DANOS UN CORAZÓN por Juan Espinoza
=Danos un corazón, grande para amar
Danos un corazón, fuerte para luchar =

Gente nueva, creadora de la historia
Constructores de nueva humanidad
Gente nueva, que viven la existencia
como riesgo de un largo caminar
=
Gente nueva, luchando en esperanza
Caminantes, sedientos de verdad
Gente nueva, sin frenos ni cadenas
Gente libre que exigen libertad
=
Gente nueva, amando sin fronteras
por encima de razas y lugar
Gente nueva, al lado de los pobres
Compartiendo con ellos techo y pan

LECTURA DEL EVANGELIO según San Marcos (10, 46-52)
Jesús y sus discípulos pasaron por la ciudad de Jericó, y al salir de allí mucha gente los siguió. Junto al camino estaba sentado un ciego que pedía limosna. Se llamaba Bartimeo hijo de Timeo. Cuando Bartimeo oyó que Jesús de Nazaret estaba pasando por allí, empezó a gritar: —Jesús, tú que eres el Mesías, ¡ten compasión de mí y ayúdame!
La gente comenzó a reprender al ciego para que se callara, pero él gritaba con más fuerza todavía:
—Señor, tú que eres el Mesías, ¡ten compasión de mí y ayúdame! Entonces Jesús se detuvo y dijo: —Llámenlo.
La gente llamó al ciego y le dijo: —¡No tengas miedo! Ven, que Jesús te llama. El ciego tiró su manto, y de un salto se puso de pie y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: —¿Qué quieres que haga por ti? El ciego respondió:
—Maestro, haz que pueda yo ver de nuevo. Jesús le dijo: —Puedes irte; estás sano porque confiaste en Dios.
En ese momento, el ciego pudo ver de nuevo, y siguió a Jesús por el camino.
Palabra del Señor

TIEMPO DE SILENCIO – 7 min

REFLEXIÓN. “Me conmueve saber que muchos pobres se han identificado con Bartimeo, del que habla el evangelista Marcos. El ciego Bartimeo «estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna» (v. 46), y habiendo escuchado que Jesús pasaba «empezó a gritar» y a invocar al «Hijo de David» para que tuviera piedad de él (cf. v. 47). «Muchos lo increpaban para que se callara. Pero él gritaba más fuerte» (v. 48). El Hijo de Dios escuchó su grito: «“¿Qué quieres que haga por ti?”. El ciego le contestó: “Rabbunì, que recobre la vista”» (v. 51). Esta página del Evangelio hace visible lo que el salmo anunciaba como promesa. Bartimeo es un pobre que se encuentra privado de capacidades fundamentales, como son la de ver y trabajar. ¡Cuántas sendas conducen también hoy a formas de precariedad! La falta de medios básicos de subsistencia, la marginación cuando ya no se goza de la plena capacidad laboral, las diversas formas de esclavitud social, a pesar de los progresos realizados por la humanidad… Cuántos pobres están también hoy al borde del camino, como Bartimeo, buscando dar un sentido a su condición. Muchos se preguntan cómo han llegado hasta el fondo de este abismo y cómo poder salir de él. Esperan que alguien se les acerque y les diga: «Ánimo. Levántate, que te llama» (v. 49).

En esta Jornada Mundial estamos invitadas a concretar las palabras del salmo: «Los pobres comerán hasta saciarse» (Sal 22,27).  ¿Quiénes tienen hambre? ¿Quiénes son los pobres en nuestro país?
En una Jornada como esta, estamos llamadas(os) también a hacer un serio examen de conciencia para darnos cuenta de si realmente hemos sido capaces de escuchar a los pobres. ¿A quiénes escuchamos? ¿qué escuchamos? ¿Por quienes queremos rezar hoy?
Compartir sus propias intuiciones o intenciones espontáneas… 

MONICIÓN: El grito del pobre es también un grito de esperanza con el que manifiesta la certeza de que será liberado. La esperanza fundada en el amor de Dios, que no abandona a quien confía en él (cf. Rm 8,31-39).  Sintámonos todos, en este día, deudores con ellos, para que tendiendo recíprocamente las manos unos a otros, se realice el encuentro salvífico que sostiene la fe, vuelve operosa la caridad y permite que la esperanza prosiga segura en su camino hacia el Señor que llega.
Rezamos juntas/os la oración final:
Dios de la justicia,
abre nuestros ojos
para que te veamos en la cara del probre.
Abre nuestros oídos
para que te escuchemos en los gritos de oprimido,
Abre nuestra boca
para que te defendamos en público
y en privado.
Recuérdanos que lo que hacemos
a los más pequeños,
te lo hacemos a ti.
Amén.



Esta Guía de Oración fue elaborada por la Oficina de Justicia, Paz e Integridad de la Creación de las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado.
Letra y Música de Juan Espinoza
Reflexiones del Mensaje 2018 - Jornada Mundial de los Pobres
Oración Final - Recursos de la Conferencia de los Obispos de Estados Unidos
Obra de Cerezo Baredo

Monday, May 14, 2018

La lucha contra la corrupción

Iniciamos orando, cantado y deseando ser cristianas(os) capaces de ‘dar la cara’ frente a la corrupción, en el evento denominado ‘Compromiso Cristiano y la lucha contra la corrupción’ organizado por la Comisión Permanente de Derechos Humanos y JPIC de la Conferencia de Religiosos en Perú el miércoles 25 de abril.

‘Que alguien se ponga de pie, que alguien dé la cara...’ dice la canción de Alberto Arija, interpretada por el equipo de Jesuitas Acústico; que fue una urgente llamada a la acción, a la que se sumaron Walter Albán y Marisol Perez en sus presentaciones durante el evento.

El Director Ejecutivo de Proética -Capítulo Peruano de Transparencia Internacional- Walter Albán, nos mostró a través de data estadística cómo la Corrupción impacta a las poblaciones en toda América Latina. Y cómo ésta deteriora la vida de digna. Asimismo nos recordó que la ‘corrupción es un mecanismo’ que urge visibilizarla en todos los sectores, rechazarla y seguir trabajando para que no quede impune.

Asimismo la ex Ministra de Justicia, Marisol Perez, llamó a un fuerte compromiso con la ética desde nuestros grupos y parroquias. ‘La corrupción va socavando la conciencia de la gente buena. Es difícil y hasta complejo hacerle frente (a la corrupción) pero es necesario confrontarlo. Hace falta recuperar la sensibilidad y la profecía’. También destacó que es posible ‘dar la cara’, para conseguirlo hace falta un fuerte compromiso con la corrección y el trabajo en conjunto.

Ambos expositores insistieron en fortalecer nuestras instituciones democráticas y vigilar para que las buenas intenciones no se queden sólo en palabras.

Tras el diálogo de los participantes y las conclusiones finales, culminamos nuestras reflexiones recordándonos que es necesario levantar nuestra voz. Proponer que hay otra manera de vivir.  Porque ‘voces concretas en momentos concretos harán una vida concreta’.





Escribe Katty Huanuco CCVI
Hermana de la Caridad del Verbo Encarnado
Coordinadora de la Comisión de DD.HH. & JPIC - CRP
Publicado por la Revista SIGNOS 

Wednesday, October 18, 2017

No amemos de palabra sino con obras

El Papa Francisco ha realizado un llamado especial para orar por los pobres este domingo 19 de noviembre.  En su Mensaje ‘No amemos de palabra sino con obras’ nos recuerda que el Amor no admite excusas: el que quiere amar como Jesús amó, ha de hacer suyo su ejemplo; especialmente cuando se trata de amar a los pobres. Por otro lado, el modo de amar del Hijo de Dios lo conocemos bien, y Juan lo recuerda con claridad. Se basa en dos pilares: Dios nos amó primero (cf. 1 Jn 4,10.19); y nos amó dando todo, incluso su propia vida (cf. 1 Jn 3,16). Un amor así no puede quedar sin respuesta.

Esta Jornada, señala el Papa, tiene como objetivo estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro. Al mismo tiempo, la invitación está dirigida a todas(os), independientemente de su confesión religiosa, para que se dispongan a compartir con los pobres a través de cualquier acción de solidaridad, como signo concreto de fraternidad.

Además expresó su deseo a que las comunidades cristianas se comprometan a organizar diversos momentos de encuentro y de amistad, de solidaridad y de ayuda concreta. Por ejemplo invitar a los pobres y voluntarios a participar juntos en la Eucaristía de ese domingo. ‘Ese domingo, si en nuestro vecindario viven pobres que solicitan protección y ayuda, acerquémonos a ellos: será el momento propicio para encontrar al Dios que buscamos.’ escribe el Papa Francisco.


 ‘Que esta nueva Jornada Mundial se convierta para nuestra conciencia creyente en un fuerte llamamiento, de modo que estemos cada vez más convencidos de que compartir con los pobres nos permite entender el Evangelio en su verdad más profunda. Los pobres no son un problema, sino un recurso al cual acudir para acoger y vivir la esencia del Evangelio’, nos exhorta.

Lee el Texto Completo del MENSAJE: http://bit.do/dQ4Mh

Monday, January 16, 2017

El amor a los más pobres en el centro de todo pensamiento y toda la ciencia

La principal aportación de Zygmunt Bauman es muy profunda: poner el amor a los más pobres en el centro de todo el pensamiento y toda la ciencia. Ha sido uno de los más brillantes intelectuales de las últimas décadas y lo fue porque siempre pensó desde las víctimas de la Modernidad.

El comienzo del año 2017 es el final de la vida de Zygmunt Bauman, conocido como el Sociólogo del Mundo Líquido. Para él, nuestro tiempo se caracteriza por licuar las instituciones, nuestras relaciones y el sentido de lo que somos. Todo se hace líquido porque se debilitan los vínculos entre las partes y eso lo hace por un lado más flexible y fluido pero, por otra parte, más vulnerable. Para Bauman esta Modernidad Líquida era ambivalente y en cada uno de nosotros reside el poder para decantarla hacia el bien o el mal. Hay un tipo de liquidez social que liquida a la gente.

Bauman ha vivido una larga biografía, dedicada al trabajo intelectual porque creía que las ideas con capaces de mover el mundo. Vinculado inicialmente a la teoría Crítica, su experiencia de exilio como judío polaco marcó quizás su trabajo más importante. En su obra hay un libro crucial para entender su proyecto: Modernidad y Holocausto (1989).

En esa obra Bauman critica a las Ciencias Sociales en general y en especial a la Sociología porque no se ha pensado radicalmente desde los pobres y las víctimas de la Historia. Han querido imitar el paradigma de las Ciencias Físicas para hacerse con su poder. Se ha priorizado el Poder de las Ciencias Sociales antes que las Ciencias Sociales del No-poder.
Al analizar la relación entre Ciencias Sociales y Holocausto, Bauman es penetrantemente crítico. ¿Por qué es tan importante mirar las Ciencias Sociales desde el Holocausto? Él lo responde en ese libro:
“El Holocausto es un acontecimiento con el que se puede ver la condición e historia humana: “el Holocausto es una ventana, no un cuadro. Al mirar por esa ventana se vislumbran cosas que suelen ser invisibles, cosas de la mayor importancia, no sólo para los autores, las víctimas y los testigos del crimen, sino para todos los que estamos vivos hoy… Si nos negamos a asomarnos todos estaríamos en peligro” (p.X).
Lo más urgente no es qué tenemos que decir nosotros sobre el Holocausto sino ¿qué sigue diciendo el Holocausto sobre nosotros? Bauman sostuvo que el Holocausto no fue un accidente ni una catástrofe sino la consecuencia de un tipo de Modernidad. Y Bauman veía en la actual Cultura condiciones que nos podrían llevar a repetir tal desgracia.

Quizás a nuestro alrededor no veamos nada especialmente peligroso, pero hemos de tener en cuanto algo que escribió Bauman: “todos los ‘ingredientes’ del Holocausto, todas las cosas que hicieron que fuera posible, fueron normales” (p.10). “El Holocausto no resultó de un escape irracional de aquellos residuos todavía no erradicados de la barbarie premoderna. Fue un inquilino legítimo de la casa de la modernidad, un inquilino que no se habría sentido cómodo en ningún otro edificio” (p.23).

Aunque las Ciencias Sociales –Economía, Derecho, Sociología o Politología- minusvaloran o ni siquiera tienen en cuenta a la Teología, Bauman cree que aquellas pueden aprender mucho de ésta: “Cuando se compara con el trabajo realizado por los teólogos, la aportación de la sociología académica se parece más a un ejercicio colectivo de olvido y ceguera” (cita completa en p.13).

La clave de toda la propuesta de Bauman es que las Ciencias Sociales tienen que incluir la dimensión moral en el centro de su pensamiento. No están más allá del bien y del mal; nada lo está. Precisamente fue la “producción social de la indiferencia moral” lo que condujo al Holocausto. El principal logro de los nazis fue hacer irrelevante la compasión y la piedad (p.26).

Sin embargo, “expresiones como ‘la santidad de la vida humana’ o ‘los deberes morales’ suenan tan ajenas en un seminario de sociología como en los despachos asépticos y sin humo de una oficina burocrática.” (p.38).


Para Bauman las Ciencias Sociales dominantes han ignorado categorías cruciales como el mal, la santidad y las víctimas. Hay que refundar las Ciencias desde la ventana que el Holocausto o la Crucifixión abren para comprender la condición humana.

Por: Fernando Vidal
Original en Entre Culturas

Contra la desigualdad extrema, una fiscalidad justa

La desigualdad extrema en el mundo está alcanzando cotas insoportables. Actualmente, el 1% más rico de la población mundial posee más riqueza que el 99% restante de las personas del planeta. El poder y los privilegios se están utilizando para manipular el sistema económico y así ampliar la brecha, dejando sin esperanza a cientos de millones de personas pobres.
El entramado mundial de paraísos fiscales permite que una minoría privilegiada oculte en ellos 7,6 billones de dólares. Para combatir con éxito la pobreza, es ineludible hacer frente a la crisis de desigualdad.
Los países en desarrollo pierden al menos 170.000 millones de dólares al año en concepto de ingresos fiscales porque las personas ricas y las multinacionales esconden grandes sumas de dinero en paraísos fiscales.
La desigualdad extrema no es inevitable, nuestras políticas públicas están logrando poco para frenarla; en gran medida, porque en la mayoría de países nos encontramos con sistemas fiscales poco redistributivos, casi insignificantes para la reducción de la desigualdad. Se recauda poco y mal, desde luego, no de quienes más tienen. La riqueza queda prácticamente desfiscalizada mientras el mayor esfuerzo recae sobre las rentas del trabajo y el consumo. Son las familias y los trabajadores y trabajadoras quienes sostienen el peso de la financiación del Estado.
Ser rico en América Latina, en cambio, resulta fiscalmente barato. En realidad, se produce una combinación negativa que supone en la práctica drenar recursos del Estado. No sólo el diseño de los sistemas tributarios es injusto y regresivo, también está plagado de agujeros que facilitan un elevado nivel de evasión y elusión fiscal y una batería de incentivos y exenciones fiscales. Así se pierde un 26% del total acumulado de impuestos como promedio en la región por los incentivos y exenciones fiscales.
Beneficios para unos pocos, en especial para el gran sector empresarial, sin evidencias de que contribuyan a generar ningún contravalor social en el país. Estos beneficios son un simple y gran agujero fiscal. La región también pierde prácticamente la mitad de su recaudación potencial por la evasión y elusión en el impuesto sobre la renta corporativa e individual. Algo más de 4 puntos del PIB global del conjunto de países, que supondrían una inyección de recursos vital para financiar políticas de inversión pública que garanticen la igualdad de oportunidades.
Mientras esta vergonzosa brecha de desigualdad se agrava de manera casi generalizada, la inversión hacia paraísos fiscales ha crecido al doble de velocidad que la economía mundial. Pero poco o nada tiene que ver con la economía real y productiva. La inversión o “fuga” hacia los paraísos fiscales es una inversión que no genera valor ni contribuye a crear empleo, pero que tiene un perverso aliciente: servir para que unos pocos (grandes fortunas y grandes empresas) puedan reducir su contribución fiscal. Es un puro artificio. La mitad del comercio mundial pasa por un paraíso fiscal. Las Islas Caimán, un pequeño conjunto de islas de apenas 69,000 habitantes, recibe tres veces más inversión que China y siete veces más que Brasil.
El Salvador no es ajeno a esta realidad. Los cálculos de Oxfam estiman que en los últimos cinco años se ha multiplicado por cuatro la inversión corporativa que desde el país se ha dirigido hacia paraísos fiscales. Una mayor apertura económica con el crecimiento de la inversión extranjera ha traído también un mayor riesgo de evasión y elusión fiscal en las prácticas corporativas. Es el momento de cerrar este gran agujero negro para las finanzas mundiales.
Para luchar contra la pobreza, la exclusión social y la desigualdad extrema, necesitamos gobiernos que rediseñen los sistemas fiscales para recuperar capacidad recaudadora y una mayor progresividad, pagando más quien más tiene. Como punto de partida, esto supone un plan de acción férreo contra la evasión y elusión fiscal y los incentivos fiscales improductivos que no generan valor ni contribución social al país. La desigualdad extrema no es inevitable, pero requiere una gran voluntad política y un esfuerzo de coordinación internacional y regional. Es la hora de los gobiernos.
Por: Susana Ruiz (Publicado en Oxam Internacional)